Bert Hellinger es un conocido filósofo y psicoterapeuta alemán, para algunos “el Freud del siglo XXI”.

La pedagogía sistémica está fundamentada en su filosofía y comparte enteramente su enfoque aplicado al ámbito educativo, en todas sus dimensiones.

Él manifiesta que ha reducido a tres palabras el trabajo terapéutico, en realidad cuatro, y habla de: “Por favor, Sí y Gracias”.

Se podría decir, metafóricamente, que estas son verdaderas “palabras mágicas” con el poder de generar situaciones beneficiosas para el que las utiliza.

Pues bien, la primera palabra que recomendamos expresar como docentes en el momento de llegar al nuevo centro educativo, al iniciar un nuevo ciclo escolar o, en general, cuando una persona llega a un nuevo centro de trabajo es “por favor”.

Desde la Pedagogía Sistémica se apunta la conveniencia de mantenernos en el lugar que nos corresponde dentro del organigrama laboral, relacionado estrechamente con la función que desempeñamos. Por ejemplo, un auxiliar de control no dirige un Colegio.

Existen además unos principios que Hellinger descubre y formula. Traducidos de una manera sencilla, expresan la necesidad de que se respeten y se sigan en nuestros diferentes contextos para lograr el máximo rendimiento en nuestra labor docente y  desarrollarla en plenitud.

En las diferentes entradas de este blog haremos alusión a cada uno de ellos, introduciendo los aspectos más releventes de la PS. Hoy se incluye el principio según el cual en los sistemas humanos existe un orden de llegada o antigüedad, por el cual “aquel que llega nuevo a una escuela u organización siempre ocupa el último lugar”.

Cuando me icorporo a un nuevo centro de trabajo, la primera palabra que me sirve y ayuda es siempre “por favor”. Quizá puede costarnos decirla, estamos desacostumbrados. Cuando comprendemos su importancia y su capacidad para generar nuestro bienestar, poco a poco nos va a resultar mucho más fácil utilizarla.

Ayer fui por primera vez al nuevo Centro Educativo al cual he sido asignado, un IES de Madrid capital. Es siempre un reto hacer un cambio de trabajo o de destino, incluso cuando uno permanece en la misma empresa, en mi caso la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Cuando llegaba, repetía interiormente estas palabras a modo de mantra: “por favor, por favor…”. Para ubicarme ante esta nueva situación.

“Por favor” indica: reconozco que soy el último en esta institución y necesito estar muy atento y respetar todo aquello que me encuentro, así como es, sin querer cambiar nada y sin entrar en el juicio. Ambos son mecanismos defensivos de autoafirmación y pueden llegar a ser nocivos si nos quedamos atrapados en ellos.

Cuando todo es nuevo y diferente al lugar del que venimos, o simplemente diferente a nuestras expectativas, es de gran utilidad decir en primer lugar: “por favor”.

Es un proceso interno y necesita tomarse tiempo. A nadie se le ocurriría expresarlo en voz alta delante de otros que no lo entenderían.

¡Qué diferencia hace un “por favor”! Puedes probarlo.