La frase está inspirada en el slogan de una entidad bancaria.

Y viene totalmente al caso para introducir aquellos principios esenciales del pensamiento filosófico de Bert Hellinger, su gran descubrimiento, que sustentan el modelo de la PS y de manera implícita se encuentran presentes en la palabras ya reseñadas de: “sí, por favor y gracias”.

Si profundizamos en ellas, el modo de ordenarlas cambiaría según los contextos, aunque pueden citarse indistintamente o en solitario. El propósito de esta entrada es iniciar su presentación y desarrollo. Según la referencia bibliográfica que se utilice, pueden formularse de diversa manera.

El primer principio básico de la vida es el de la pertenencia. Alude al derecho de todo aquel que pertenece a un sistema humano, familiar u organizacional, de ser reconocido como parte integrante del mismo.

Formulado de otro modo, un sistema dice “sí” a cada uno sus integrantes. Generalmente estos principios se desconocen, salvo excepciones, aunque no por ello dejan de actuar.

Y no es un asunto de creencias. Si alguien se sube a un puente y se tira, aunque desconozca o no crea en la ley de la gravedad formulada por Newton, se la va a pegar.

Un ejemplo, a nivel familiar, cuando unos padres adoptan a un niño o una niña están haciendo un maravilloso servicio a la vida. Si conocen algo de sistémica y tienen en cuenta este principio, mirarán con gratitud a los padres biológicos, cualquiera que haya sido la historia. Como tales se encuentran irrenunciablemente ligados a esta criatura, mirando en profundidad toda su información genética vienen de ellos.

Los principios de la vida en sí mismos son neutros, lo que sucede es que cuando no se consideran o se transgreden se producen consecuencias. Todo ello a nivel inconsciente. Todos conocemos el inconsciente personal, a través del trabajo de Freud; sin embargo existe además otro inconsciente colectivo.

Cada sistema tiene su propio campo, otro modo de expresarlo, y contiene a todos sus miembros. En este sentido se dan dos movimientos básicos universales: uno de inclusión, cuando se reconoce esa pertenencia; y uno de exclusión, cuando se niega.

Decir “sí”, cuando es verdadero, es completamente inclusivo. La consecuencia es el estar más completos y esto nutre, fortalece, genera paz.

Al contrario, cuando decimos “no”, de algún modo y aunque no se refiera al contexto sistémico, estamos excluyendo. Incluso una emoción, unas ideas, a unas personas. La crítica que no construye, la descalificación o el juicio son excluyentes.

Cuando esto sucede algo en nosotros se encoge y empequeñece. Estamos menos disponibles.

Podemos afirmar que en el ámbito educativo, a los docentes nos cuesta mucho dar un lugar a los padres de nuestros alumnos; o a algunos de ellos. ¿Alguien ha escuchado alguna vez en un centro educativo referiéndose a un alumno la frase: “con estos padres…”?

Desde la PS miramos con respeto a las familias de nuestros alumnos, así como son, y reconocemos su importancia y el gran amor de sus hijos hacia ellas. Además les agradecemos que hayan elegido nuestro Centro, cuando los Padres no confían en una institución educativa para llevar a sus hijos difícilmente sobrevive (y nuestro puesto de trabajo con ello).

Las Madres y Padres de las familias que llevan a sus hijos a un centro pertenecen. Cuando tenemos esto en cuenta y les decimos “sí”, nuestra labor es más fácil; particularmente cuando somos tutores.

La PS es una herramienta pedagógica que nos permite un mayor y mejor desempeño profesional en las aulas y un funcionamiento más fluido en las instituciones educativas en general.