“La buena y la mala conciencia son difíciles de comprender”.  Bert Hellinger.

La conciencia es el segundo Principio de la Vida. En la bibliografía existente estos principios se encuentran formulados de maneras diversas, aquí se realiza una exposición personal de los mismos.

Para ser más exactos Hellinger habla de: “la buena y la mala conciencia”. Esta quizá sea su aportación más significativa. Entiende la conciencia como el órgano interno que regula la pertenencia a un sistema. Y es el motor de los enredos incoscientes de sus componentes.

Un sistema posee unos valores, unos principios que rigen su funcionamiento y Bert descubre que cada uno tiene los suyos y que son diferentes entre ellos.

Es evidente en las familias y el mayor reto de la pareja. Existen normas de origen distintas y en ciertos casos opuestas, la pareja para perdurar necesita generar unos principios nuevos.

Un ejemplo propio para aclararlo, algo tan sencillo como las manchas en la ropa. En la familia de origen de mi esposa, las manchas están permitidas y no se les da mayor importancia; sin embargo, en la mía están peor vistas y no existe ese permiso. Cuando tenemos un hijo, como es nuestro caso: ¿tiene permiso para mancharse o no?

Cada centro educativo tendrá sus propios valores, en función de su contexto, su historia y el perfil de su equipo directivo. Incluso entre centros similares, por ejemplo públicos, en una misma localidad.

¿Qué es la “buena conciencia”? En el aula podemos apreciar su funcionamiento. Cada alumno viene de un sistema familiar propio, con unos valores determinados. El alumno es leal y bueno, tiene “buena conciencia” respecto a sus Padres. A tiempo completo al menos hasta los 16 años aproximadamente, luego puede comenzar a modificarse. Tal es su fuerza.

Es muy importante para los Docentes conocer que nuestros alumnos siempre anteponen la fidelidad a su Familia antes que al Centro Educativo.

Esta lealtad inconsciente, puede llegar a estar en el origen de ciertos casos de dificultades de aprendizaje o de comportamiento. ¿Puede tener éxito en la escuela el hijo de alguien que no se escolarizó o no pudo lograr la titulación? Es posible, aunque le resultará mucho más difícil. ¿Qué sucede cuando dos mandatos diferentes colisionan, como en los conflictos de origen racista, sexista o religioso? Cada una de las partes se confronta desde su “buena conciencia” y se rechazan mutuamente.

¿Es posible perder la pertenencia? En el ámbito familiar la pertenecia es para siempre.
Cuando “se pierde” es debido a una exclusión, el sistema margina a uno de sus componentes por alguna circunstancia que contraviene gravemente sus normas.

Sin embargo en el ámbito organizacional, como es el educativo, la pertenencia es temporal. Se tiene mientras una persona se encuentra contratada en una organización, mientras ese vínculo laboral perdura.

Una posible imagen en el caso de la pertenencia a un centro educativo; un docente deja una huella, aunque al marcharse del centro ya no forma parte de su claustro.

Hay casos más complejos. Por ejemplo el de un profesor que sea funcionario, tenga su plaza en la administración. En ese caso habría que hablar de una doble pertenecia, al organismo público: por ejemplo la Comunidad de Madrid y al centro de destino.

Estamos en “la buena o la mala conciencia”de manera alterna; a veces es posible estar en una y despúes en la otra. Si profundizamos un poco más descubrimos como ambas son necesarias para el sistema; una lo mantiene y otra permite ampliar sus límites. La paradoja es que en la mala conciencia, la que posiblita nuestro crecimiento, sentimos una sensación de incomodidad o malestar. Es más difícil de sostener y requiere cierto entrenamiento.

Sólo desde la “mala conciencia” resulta posible realizar con éxito experiencias de innovación educativa.

 

(Crédito de la imagen: Håkan Svensson (Xauxa) – Trabajo propio, CC BY 2.5)