Estoy sorprendido por las situaciones que se generan en el aula entre alumn@s. Al ser Tutor puedo tener una información más cercana y contextualizada.

De manera genérica, cada uno tenemos nuestra propia personalidad, relacionada con nuestra función en el Sistema Familiar. Y muestra además información adicional acerca de nuestros “enredos sistémicos”: los asuntos en los que de manera inconsciente estamos envueltos.

Así, adoptamos ciertas actitudes: timidez, agresividad, intolerancia, miedo, etc., que interactúan y se combinan mutuamente para alimentar desencuentros, que pueden derivar en conflictos.

Para algunos adolescentes es particularmente difícil gestionar las situaciones de sus familias. Ellos expresan los conflictos en el aula, con sus compañeros.

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Imagen:  greatnonprofits.org

Campo de confrontación.

En algunas Instituciones Educativas se generan verdaderos campos de confrontación. Ante conflictos graves los Docentes nos sentimos, muchas veces, desbordados.

Hay varios factores a considerar: la ubicación y el nivel sociocultural de las Familias de sus alumnos; también el contexto social general, que en España por ejemplo es de polaridad y confrontación; hay una cultura “planetaria” del conflicto alimentada, en gran medida, por los intereses económicos de la industria del entretenimiento: series infantiles y juveniles y gran cantidad de videojuegos, a los que socialmente no se le pone límites.

Otro aspecto relevante es el modo en el que las dificultades en las relaciones se expresan  con virulencia y alimentan en grupos de Whatsapp y redes sociales. Sin percatarse de cómo mucha información sensible o comprometida se queda permanentemente en el ciberespacio.

Los límites de la ayuda.

Cuando una Familia comparte con el Tutor o Profesor una situación difícil acerca de su hijo o hija, resulta tentador dejarse llevar por la “ilusión” de poder “ayudar” para que eso se resuelva. Incluso aunque se disponga de herramientas, no es posible terapia en la Escuela.

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Imagen: cordobapsicopedagogianeuropsicologia.com

Más claro, algunas veces estamos tentados  a “cargar” con cierta responsabilidad ante el sufrimiento de algunas Familias. Nos genera muy buena conciencia, pues es lo que acostumbramos a hacer en nuestras propias Familias. Interiormente decimos frases del tipo: “yo te ayudo”, “me hago cargo por ti”, etc.

Cuando esto sucede, antes o después, estamos avocados a la decepción y a un ejercicio de “no poder”, que nos deja “mal” ante los que queríamos ayudar.

Cuesta más y sirve mucho decirle a una familia como Docente: “no puedo hacer nada para resolver el problema, aunque haré lo posible para gestionarlo para ustedes”. Se necesita “mala conciencia”, aunque es lo único que finalmente ayuda.

Cuando se muestran dificultades.

Resulta extraño hablar sistémicamente de algo distinto a las soluciones. El reto desde la PS es cómo saber estar ante los conflictos que surgen y hacer una correcta lectura de los mismos, de modo que podamos ser de mayor utilidad a su resolución.

En un Centro Educativo siempre surgen desencuentros. Se muestran de manera evidente, dinámicas de falta de respeto por el otro, muy especialmente si se percibe como “débil” o diferente. Aquí es posible señalar a la buena conciencia como motor de las exclusiones y confrontaciones.

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Imagen:  diariocorreo.pe

Particularmente, me genera muchas reservas la “solución” a los conflictos a través de diversas sanciones y expulsiones. Siendo una expresión del sistema, sobre todo sirven para generar cierta contención y un aplazamiento de los problemas.

Afortunadamente existen cada vez más Centros que apuestan por los equipos de convivencia y mediación, cuya participación facilita alcanzar soluciones satisfactorias a determinados conflictos.

Uno de los retos de la educación del siglo XXI será generar equipos externos de atención e intervención terapéutica, que permitan a es@s alumn@s y a sus Familias resolver con rapidez el trasfondo sistémico que activa sus comportamientos. En lugar de ser sancionados o excluidos del Centro.

Algo importante en una Institución Educativa, es cómo generar un marco de convivencia capaz de formar a l@s alumn@s en una cultura de solución. Que comparta valores como el respeto o la reconciliación y pueda llegar a todos los miembros de la Comunidad Educativa.

Solucionar, solucionar, solucionar…

Recientemente tuve la oportunidad de conversar con Angélica Olvera, siempre es un regalo. Comentaba que el reto de los Docentes ahora es cómo vamos a facilitar el aprendizaje, así como estén los alumn@s. Además compartió una frase reveladora:

“Cuando se vive con una nube gris alrededor, cuesta mucho enfocarse”  Angélica Olvera

Lo que me sorprendió, incluso después de muchos años de escucharla, fue reconocer la permanente necesidad de ir solucionando todo lo que se presenta, así como sea.

¿Cómo vamos a educar y apoyar a nuestros hij@s o a nuestros alumn@s para que puedan estar enfocados en resolver y solventar favorablemente aquellas situaciones que se les presentan?

La “nube gris” es una imagen de ese campo de conflicto, sin luz, que activa mecanismos inconsciente de defensa o agresión, y únicamente perpetúan situaciones de malestar emocional y sufrimiento: manifiesto o encubierto.

Es necesario un proceso continuo de identificación consciente de lo que surge en cada momento de nuestra vida, porque es una oportunidad de trasformación y crecimiento. La Pedagogía Sistémica ofrece pautas significativas para la comprensión y el enfoque de estas situaciones.

  • Estar ante lo que se muestra, tal y cómo se muestra, en el campo del aula.
  • Seguir los Principios de la Ayuda. Bet Hellinger los llama: “Órdenes de la ayuda”.
  • Para intervenir o mediar, se requiere mantener la neutralidad, sin tomar partido entre las partes.
  • Es importante cuidar nuestras expresiones. Con la calidad de nuestro hablar y escuchar, podemos alimentar o evitar, incluso a veces neutralizar, situaciones de conflicto.
  • Tomar la dificultad como oportunidad.

He descubierto que, a veces, lo que nos sucede a los adultos es que estas situaciones nos resuenan y transportan a otras análogas que hemos vivido en nuestra infancia o adolescencia… Entonces ya somos “presuntos implicados” y perdemos nuestra imparcialidad.

¿Para qué perpetuamos los conflictos? Aunque parezca contradictorio lo que voy a afirmar, una de “sus funciones” es la de sostenernos cuando no podemos mirar otros más cercanos e importantes.

También tienen una función en el sistema y, cuando se pueden leer, nos muestran lo que se requiere; según el caso. Únicamente cuando les damos un sentido, yendo más allá, nos permiten realizar a todos los involucrados aprendizajes significativos para la vida. Aprendizajes llenos de sentido, significado y dirección.

 

Imagen de portada:  desarrollosocial.gob.ar